Nos sentamos en la arena
de una playa alejada
embriagados por la brisa
de un dorado atardecer.
El sol caprichoso
moría entre las nubes
cuando tu voz enamorada
envolvió mi piel.
Tus ojos destellaron amor
y me perdí en tu mirada
de temprana primavera.
Mi boca buscó tus labios
para fundirse en un beso.
Tu voz se volvió poesía
al agitarse tu aliento
y se enardeció tu cuerpo
al recorrerte mis manos.
Me enredé en ti… temblabas
desnudé tu piel; ahora llorabas.
Te envolví en mis brazos
y te abrigué de nuevo
esos bellos ojos
no debían llorar
acaricié tu cara
te besé en la boca
me aferré a tu mano y comencé a caminar.