Prosa 65

Y pensar que te dejé partir

y no corrí tras de ti

mas sabía que te llevabas

gran parte de mí.

El día ennegreció

y mis noches se hicieron

largas y vacías,

pareció que el tiempo

detuvo su curso

y mi mente decidió acompañarlo.

Desde ese momento

se desplomó sobre mí camino

la amarga noche sin final,

donde no habitan astros

que iluminen un nuevo amanecer.

Sólo cruzan el cielo

estrellas fugaces,

que no describen rutas

y su luz es muy tenue

para marcar el origen

de un nuevo amanecer.